Turismo con chimeneas

El desarrollo del turismo y su impulso son una herramienta dinamizadora para apuntalar el crecimiento del sector industrial venezolano y en especial la artesanía, las micros, pequeñas y medianas industrias. Veamos por qué. La gran masa de turistas del mundo e incluso los venezolanos que hacen turismo en Venezuela, cada día se inclinan más por vincularse con las tradiciones, costumbres o culturas de las zonas que visitan. Diversos estudios realizados por empresas de investigación de mercados en países como España han evidenciado esta tendencia.

El turista moderno busca otro tipo de experiencia que va más allá del conocer grandes urbes, sus rascacielos y majestuosos mall, aunque sigan existiendo los que buscan esta rutina. Pero definitivamente hay un nuevo giro en el perfil del turista, lo que se convierte en una oportunidad ideal para sacar más provecho al patrimonio histórico y cultural de nuestros pueblos. En Venezuela hay oportunidades de sobra para pensar que el impulso del turismo tiene un efecto multiplicador sobre el sector productivo. ¿Quién no compra artesanías cuando va a El Hatillo en Caracas o al pueblo de Tintorero en el estado Lara? ¿Quién no compra las panelitas de San Joaquín en la Autopista Regional del Centro? ¿Quién no compra los diversos “souvenir” realizados por los Yanomami, Yekuana o Piaroas cuando va al estado Amazona? ¿Quién no compra una franela con el estampado de Choroní, Margarita o Morrocoy, muchas de las cuales son fabricadas en el país, aunque sea el bordado? Y todo esto genera fuentes de empleos para los emprendedores, artesanos, pequeños y medianos industriales. Hay muchos ejemplos que sentencian la correlación entre turismo y desarrollo productivo. Cuando la actividad turística impulsa la construcción de posadas, hoteles, restaurantes, etc, parte de los insumos que se necesitan para erigir y operar este tipo de hospedajes son suministrados por el sector de la pequeña y mediana industria: cabillas, bloques, puertas de madera o metal, mobiliario y lencería, alimentos, entre otros, lo que hace que el boom turístico encienda muchas chimeneas de nuestras fábricas. Ciertamente también sucede que se recurre a compras externas para dotar a los nuevos establecimientos hoteleros, pero siempre, por razones de mercados naturales se va a adquirir los productos en las zonas más cercanas a la construcción o actividad turística y eso beneficia —sin duda— a la manufactura nacional. En Venezuela tenemos potencial para seguir evolucionando hacia un sector turístico poderoso. Tenemos playa, nieve, selva y médanos en menos de un millón de kilómetros cuadrados. En la reciente semana santa millones de venezolanos lo pudieron constatar. Unos fueron a la Gran Sabana, otros a Mérida, los playeros a Puerto La Cruz, Higuerote o Morrocoy, y así sucesivamente. Las cifras a nivel internacional dan cuenta que el turismo es una opción que puede generar indicadores nada envidiable a los de la industria petrolera. El turismo representa cerca de un 35 % de las exportaciones mundiales de servicios, y más de un 70 % en los países menos adelantados (PMA). El año 2007 superó las expectativas del turismo internacional al alcanzar las llegadas una nueva cifra récord, cercana a los 900 millones. Presidente de Fedeindustria

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