Monumento a la Chinita en Maracaibo, Estado Zúlia - Venezuela
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Monumento a la Chinita en Maracaibo
La vida espiritual de los marabinos de la época giraba en torno a la devoción de los santos apóstoles Pedro y Juan de San Sebastián y de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, devoción de esta última traída por don Juan Nieves de Andrade a fines del siglo XVII. Este piadoso varón a su llegada a Maracaibo pudo levantar una humilde ermita de bahareque y paja. Allí colocó una tabla con la imagen de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá copia de la imagen venerada en la región de Santa Fé de Bogotá, en la Nueva Granada (hoy Colombia).

El cuadro por acción del tiempo fue perdiendo su pintura original y finalmente borrada la imagen, hizo cesar el interés religioso y fue desechado como inservible. Del timbo al tambo anduvo la humilde tablita y finalmente fue, a parar al lago.

Monumento de la Chinita Maracaibo


Fue una mañana de 1749 cuando en las playas blancas del Lago de Maracaibo apareció un pedazo de tabla en pequeñas dimensiones, al tiempo en que una viejecita, metida hasta las rodillas dentro del agua, lavaba ropa a orillas del lago. La sombra de la noche empezaba a disiparse entre las claridades del alba y la viejecita no pudo reconocer la extraña tabla. Debajo del brazo y confundida con la ropa ajena, la llevó a su casa y en su vivienda fue útil como tapa de una tinaja cualquiera.

De cara al agua, la virgen guardaba su secreto escondido en una pintura borrosa. Un día la buena señora, visualizó en la pequeña tabla desgastada, la silueta de una imagen sagrada y de uso doméstico el pedazo de madera se convirtió en motivo de veneración colgado en la pared.. Un 18 de noviembre, raros movimientos conmueven la placidez de la vivienda. Golpes y ruidos se sentían hasta tres veces repetidas. Al acudir la humilde señora al encuentro con lo sucedido, fija su vista en la tablita misteriosa alumbrada de luces que salían destellantes.

Ante tan majestuosa aparición de la Virgen, la ancianita mortificada por aquello, cae de rodillas ante la imagen de un rostro dulce, de piel morena y ojos achinados cargando entre sus brazos a un hermoso niño; era Nuestra Santísima Madre la Virgen de Chiquinquirá, quién había dejado de ser un cuadro borroso para darse a conocer. ¡Milagro!, ¡Milagro! exclama la viejecita, ¡Milagro! exclaman los vecinos que hasta aquel momento admiraban la tablita y después de la aparición de la Virgen adoraban sin cesar. El modesto hogar se convirtió en centro de plegarias y agradecimientos a la madre de Dios.

Monumento de la Chinita Maracaibo


Todos los 18 de noviembre se han convertido a partir de ese entonces, en fecha de fiesta para los fieles creyentes del pueblo zuliano y sus alrededores, sin que ninguna ley eclesiástica o civil lo haya decretado. Con música al son de la gaita, fuegos artificiales que alumbran el cielo marabino, con chimbangles que retumban sus tambores, bandas orquestales en todo un marco de feria, acompañan a la Virgen en su recorrido por las calles del Milagro, quien sale a saludar y bendecir con su deslumbrante figura.






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